Manifiesto de la Editorial Elvira
La Editorial Elvira nace con el propósito de
continuar la tradición que une la literatura con el arte, volviendo a los
orígenes que dieron lugar al concepto de “libro objeto” en los años veinte.
Para nosotros el libro es parte de nuestra
naturaleza, como medio de expresión para el lenguaje. La escritura hace
perdurar la palabra, convirtiendo al libro en un predicador inagotable de
cultura y conocimiento.
Nuestra editorial no pretende abarcar grandes
mercados, sino que busca ese carácter íntimo y exclusivo de los libros de
artista. De esta forma queremos ofrecer al lector una obra completamente
artesanal, realizada mediante medios serigráficos, cuyas ediciones no superarán
los 300 ejemplares, cada uno de los cuales irá numerado y firmado por el
escritor y el artista, dándole su valor de original a cada ejemplar, que lo
convierte, así, en un objeto de coleccionista.
Para conseguir este propósito ha sido, y es,
necesaria una estrecha colaboración entre el editor, el artista y el escritor,
que garantiza de esta manera la profesionalidad y prestigio de todos y cada uno
de los libros que salgan publicados en esta editorial.
Nuestros libros.
PRIMERA EDICIÓN DE POESÍA
El poemario de la escritora hispano-cubana Daisy Villalobos Leal titulado “Pon labios en la hierba” es el primer libro de poesía publicado por la Editorial.
Ilustraciones: Nelson VIllalobos
He aquí una breve
reseña sobre dicho libro.
“Hablo con
conocimiento de causa, porque conozco la poesía de Daisy Villalobos desde hace…
¿cuatro?, ¿cinco años? Daisy Villalobos ha escrito mucho, muchísimo, antes de
publicar este primer libro de poemas, Pon labios en la hierba; y esas
precauciones que se ha tomado ya nos dan ciertas garantías. Que quede claro
desde ya: éste no es un libro primerizo, aunque su autora cuente 22 años. Había
cualidades que ya apuntaban, y a menudo sobresalían, en aquellos textos de sus
18 años; había también lastres, a veces difíciles de definir, que minaban la intensidad
de sus versos. Afortunadamente, Pon labios en la hierba conserva sus
mejores cualidades y se libera de ciertas cargas innecesarias. Entre las
cualidades, el dominio de la imagen y la sorpresa, la coherencia rítmica, la
capacidad para crear atmósferas inquietantes; entre los lastres (de los que,
repito, ha logrado desprenderse), ante todo, cierta frialdad, cierta distancia
que dejaba al lector/oyente, por una parte, maravillado, sí, ante aquella
extraordinaria fiesta del lenguaje, pero por otra parte, impertérrito ante una
suerte de laguna emocional: una bella estalactita.
¿Qué ha sucedido
entonces en Pon labios en la hierba? Pues que ha logrado colmar
emocionalmente su virtuosismo técnico, y ha dado un paso importantísimo en una
trayectoria poética que auguramos brillante. Daisy Villalobos ha asimilado muy
bien los hallazgos de las vanguardias de la primera mitad del siglo XX, y sin
duda sus orígenes son esos; pero ha sabido encauzarlos, ha sabido hacerlos
suyos, llenarlos con su particular forma de sentir el lenguaje y la vida, y ha
esquivado con fortuna uno de los grandes peligros en que caen los autores
noveles cuando beben de esas fuentes: la aleatoriedad y el descuido de la
estructura del poema.
Pon labios en
la hierba es un poemario oscuro, no
por su forma, sino por su contenido; quizá la sensación predominante sea la de
la soledad. Sin embargo es una soledad trufada, es una soledad matizada hasta
tal punto que a veces reconforta; a veces a uno le gustaría vivir solo dentro
de uno de estos poemas. Es una soledad fascinante que no habla únicamente de sí
misma ni a sí misma, sino que, por un lado, trata de abrirse a otra voz, la de
la persona amada, y por otro, procura abrigar en su desolación existencias
anónimas, una colectividad indefinida que se cuela a veces en este poemario
íntimo. El yo, el tú y los otros se cruzan y se
amalgaman pero sin llegar a acompañarse, sin llegar a abandonar del todo su
aislamiento: “Y los pasos… / los pasos siguen, / los pasos de otros por las
calles nuestras, / los pasos nuestros por la calle de los pasos de los otros”.
¿Y quién sabe si no habrá en el fondo un canto, y no una condena, a la soledad?
Estaba solo,
en los extremos de su propia soledad.
Solo.
Solo.
Solo, como el
gemido de la madera quemándose delante de los ojos,
como el
universo entrando, despacio, por el mundo.
A una suave
distancia de todo.
Los objetos
giran alrededor de su cuerpo y lo conquistan,
y lo
envuelven, al pasar, con las sombras que proyectan.
Y aunque el tono
general sea pesimista, lo que no hay en ningún caso es abatimiento, ni
decaimiento, ni siquiera melancolía; por el contrario hay fuerza, a veces
incluso violencia, una violencia llena de sensibilidad: “Yo he visto a los
hombres alquilar su sombra por las calles, / o arrancarles las sombras a los
edificios / y meterlas en sus coches / para llevárselas a casa / y allí
cortarlas, por la noche, / recortarlas y hacer sombras más pequeñas”. Es un
poemario negro, sí, pero atravesado de ternura: “Grito dentro de los caracoles,
/ y la verdad, en espirales, / asoma los ojos, lentamente, como se da a luz un
niño”. Es un libro de vaivenes, de sacudidas, que a pesar de los pesares,
alberga como una promesa oculta. Es un libro extraño, Pon labios en la
hierba es un libro extraño, como debiera ser todo libro de poesía.”
David Pérez
Álvarez



